En el capítulo 2 del Libro del Éxodo, la hija del faraón saca a un bebé del Nilo y lo llama Moshé. Durante 3.000 años nos enseñaron que ese nombre significa "sacado de las aguas". Es falso. Gramaticalmente, el hebreo no lo sostiene. Y cuando lees el nombre en el idioma correcto —el egipcio— aparece algo que ningún manual de catecismo te explicó: "Moisés" es la mitad de un nombre teofórico egipcio al que le falta, precisamente, un dios. En este tercer estrato del Universo Estratigráfico del Antiguo Testamento bajamos del pueblo a los dos hombres que lo lideraron. Analizamos por qué Moisés y su hermano Aarón —un supuesto esclavo hebreo que nunca pisó un palacio— llevan nombres que el hebreo no puede explicar y el egipcio sí. Seguimos el rastro del propio Yahvé hasta el desierto de Madián a través de las inscripciones egipcias de los Shasu de Yhw. Y pulverizamos, con la propia evidencia, dos de los mayores fraudes modernos sobre Moisés: la supuesta inscripción de 2025...